XABIER RÍOS
El trabajo de Xabier Ríos cabalga entre dualidades que se convierten en una auténtica metodología de trabajo. Una relación dialéctica de las partes, de las polaridades de su quehacer y sentir el mundo que hacen de esta actitud una tensión creativa no exenta de conflictos y que articulan su propuesta artística en ese espacio-tiempo que va desde lo pictórico a lo escultórico, desde lo orgánico a lo geométrico, desde la dureza y frialdad del hierro a la calided y fragilidad de la parafina, desde lo concreto del barco como tema a la abstracción geométrica que se extiende a modo de retícula infinita por la superficie del cuadro.
Existe en el trabajo de este artista una lucha conflictiva con el espacio. Así, partiendo de esos juegos de papiroflexia, que a todos nos han seducido en nuestra infancia, Xavier va recorriendo el espacio de la vida en una mirada hacia atrás intentando recuperar una memoria vivida de una infancia añorada pero delirante en su imaginación, en su capacidad de recrear formas que se traducen en viajes imaginarios a modo de relato propio del mejor estilo de Cunqueiro.
Pero el trabajo del espacio también se extiende más allá del objeto creado con papel, recreado en la memoria. A este espacio atrapado en la doblez de los pliegues hay que sumar el espacio de extensión plana en la que los barcos, añadidos unos a otros, van creando una trama reticular que en su infinitud nos hablan del orden que se pretende pero, al mismo tiempo, también de una infinitud que se expande en la inmensidad a modo de articulación de planos de la superficie. Y aquí toma mayor sentido la idea de viaje imaginario hacia el infinito a la que nos transporta este trabajo de un artista que no quiso ser marino pero que desde la orilla es capaz de imaginar pictóricamente los viajes que harán las naves que parten y se alejan en la inmensidad del horizonte que divisa desde su taller.
El espacio de la retícula nos sitúa en uno de los problemas pictóricos de nuestro tiempo. Se trata de un espacio que se extiende y se prolonga en la sucesión de la obra como serie, como conjunto. Se crea una trama que se expande en forma de rejilla y que sirve como herramienta para conjurar los problemas de la pintura. La sucesión de un cuadro a otro es natural, se produce por una pequeña y leve alteración en el sistema de orden de los elementos plásticos. Estas pequeñas variaciones, a las que hace alusión en el título permiten explorar los espacios nada fáciles de la pintura. Las formas se repiten pero en su extensión alcanzan inmensidades diferentes. Formas concentradas en si mismas, formas que se expanden, que nos aluden a los arabescos que no es otra cosa que un sistema de ordenación del espacio del mundo antes que ornamento, formas geométricas que intentan desarrollar un sistema de articulación del espacio del cuadro y que en su traspolación se corresponden con el espacio del mundo.
A una lectura en superficie de los cuadros debemos añadir un lectura en profundidad donde el color es el elemento esencial para articular este encadenamiento de planos que, lejos de producir saltos y espacios inconexos, nos plantean un viaje de la mirada en la que se van sucediendo, de manera natural y con una sinuosa musicalidad, recorridos que nos llevan de nuevo hasta la inmensidad de un fondo que no es otra cosa que la infinitud del espacio de la pintura.
Si el interés del artista es ahondar en estos espacios de la memoria, resulta curioso y atrevido que partiendo de una reconstrucción de los barquitos de papel llegue a una geometría como estrategia para dar rigor a sus planteamientos. Una geometría que tiene su razón de ser en la construcción mental, en la construcción ideal que sirve para articular todo un sistema de relación entre las figuras y el espacio donde se desenvuelven.
Hablábamos en la visita a su taller del ensamblaje tan especial que se produce en los planos de Palazuelo, o de ese otro encadenamiento que de forma casi aleatoria se produce en los de Cezanne, donde todo parece partir de un centro que se disuelve a medida que la pintura se extiende hacia los márgenes del lienzo entrando el espacio mismo a formar parte del cuadro y ayudando a crear un efecto de disolución de la pintura. También Xavier admira con delicada pasión la sensualidad de los recortes con los que trabajó Matisse. Un artista en donde el rigor de lo esencial dialoga con la seducción de los colores y las formas y en el que también aflora el interés por lo ornamental entendido como problema plástico.
Todas ellas son referencias que nos ayudan a centrar y comprender estos espacios pictóricos producto del deleite en la ordenación y expansión de una forma en el espacio a medida que transcurre este viaje marino que el artista nos propone con seducción en su acto de exponerse.
Juan Carlos Meana. Moaña, Julio 1999