LAS OTRAS BELLEZAS DEL MORRAZO : CONCELLOS DE VILABOA, MOAÑA, CANGAS, BUEU Y MARÍN, por Rafael Fontoira Surís
 

INTRODUCCIÓN

Toda Galicia y, en especial, la provincia de Pontevedra atesora los exponentes más significativos del arte arquitectónico en todos sus estímulos y manifestaciones

Esta circunstancia obliga casi violentamente a destapar siquiera el embrazo de las culturas que hicieron posible el espléndido legado de un patrimonio histórico-artístico-monumental difícilmente igualado por otras regiones y provincias españolas.

No es posible una dedicación profunda al tema, en su aspecto general, en beneficio de un estudio en esta ocasión exhaustivo, de la realidad de una existencia histórico-monumental que los propios pontevedreses desconocemos porque no nos han enseñado a valorarla y apreciarla, entronizada en la península del Morrazo.

En perfecta sintonía con la belleza ambiental y paisajística: salpicado el caserío entre las viñas y maizales y un mundo inclinado de verdes, penetra enseguida ese olorcillo fresco cargado de yodo y sales que puebla el aire de las villas que abren las puertas y ventanas al azul paisaje de la mar.

Agrícola y marinera, la península del Morrazo ofrece esa imagen humilde y recogida, silenciosa, de los pueblos costeros que están llamados a aparecer sobre la tierra como una exaltación de las virtudes paisajísticas y ambientales, donde el hombre alcanza a recobrar la sensación de paz y tranquilidad que necesita su espíritu.

Pues bien, en este marco incomparable que ofrece la península del Morrazo, un rosario de lugares dentro de los términos municipales de Vilaboa, Moaña, Cangas, Bueu y Marín, se suceden y alternan como sorprendente muestrario de una riqueza histórica inigualable. Ciñéndonos, pues, a un hipotético itinerario nos topamos, en primer lugar, con el municipio de Vilaboa donde recrea nuestros ojos la presencia de cinco iglesias, diez casas solariegas y pazos, dos cruceros, tres hórreos, un castillo e innumerables molinos de río.

Penetrados en el municipio de Moaña, la vista disfruta de la visión de ocho iglesias y capillas, cuatro casas y pazos, un crucero y un castillo.

La palma de la riqueza artístico-monumental la lleva la villa de Cangas, con sus trece pazos y casas señoriales, once iglesias y capillas, dos mausoleos, un castillo, dos conjuntos urbanos destacables, dos fuentes, un lavadero, seis cruceros, un recinto ferial e innumerables horreos, uno de los cuales pasa por ser de los de mayor magnitud de Galicia.

En Bueu donde las gaviotas hacen suyo el pueblo, y se mueven por las aceras, los parques, las calles y los tejados con la familiaridad de las palomas, y la dorna varada, el “bou”, la gamela y la lancha configuran y completan la estampa típica de este núcleo marinero, contamos con siete iglesias y capillas y cinco pazos entre los principales monumentos histórico-artístico que enriquecen este lugar y, en Marín, pueblo que conjuga como ningún otro las faenas marineras con el tajo del campo, casta de gente cuyo verbo cantarín lleva dentro esa música que despierta el sereno oleaje de la mar en calma, o el suave siseo de la brisa al brincar entre la hojarasca de los pinos y eucaliptos de sus bosques, tenemos la abundante cosecha artística de veinticinco cruceros, nueve pazos y grandes casas, diez iglesias y capillas, varios hórreos y molinos de río. Esta exposición somera que representa un flash de la belleza y riqueza artístico-monumental que atesoran algunos lugares de la península del Morrazo carecería de la necesaria importancia si no mencionáramos la faceta o aspecto que, dentro del Arte y la historia, entendemos por Arqueología.

En efecto. La Península del Morrazo es, sin lugar a dudas, una de las zonas arqueológicas más ricas de Galicia, entendiendo como período arqueológico el comprendido entre el Paleolítico (año 26.000 al 3.000 antes de Jesucristo, y la romanización de Galicia, siglo I al V después de Jesucristo).

De estos períodos hallamos en la península del Morrazo numerosísimos vestigios. Del Paleolítico- 26.000 al 3.000 a. de Cristo- se cuenta con numerosas muestras en los cinco municipios del Morrazo antes mencionados. Es obvio que estos hallazgos no se pueden apreciar en los lugares de origen, pero si en el Museo de Pontevedra.

En este sentido, son dignas de mención las piezas acheulenses y el hallazgo de una hachuela raspador bifacial en cuarcita roja, vestigios que fueron descubiertos en Santiago de Cangas.

En San Salvador de Coiro se han descubierto dos hachas de tamaño pequeño que se encuentran, en la actualidad, en el Museo Municipal Quiñónez de León, de Vigo.

En San Andrés de Hío aparecieron cinco piezas de cuarcita y dos poutadas en la playa de Melide, así como un pico y una lasca-raspador. En la playa de Nerga fueron descubiertas cinco piezas talladas acheulenses y no mencionamos, por considerarlo prolijo, los numerosos hallazgos que tuvieron lugar en Cabo Home, de esta zona., en Dorrón aparecieron una hachuela y otros vestigios de menos trascendencia.

Del período Paleolítico, en Bueu, contamos también con numerosos hallazgos: un hacha de cuarcita gris en Santa María de Beluso; una lasca de cuarcita en la isla de Ons; en Outeiral, un raspador de gneis y otro de cuarcita gris; un pico en la playa de Lapamán; una hachuela bifaz en Portela así como un hacha de cuarzo blanco; en Santa María de Cela fueron hallados una pieza discoidal de cuarcita, y un raspador del mismo material.

Como puede apreciarse, aparecen restos paleolíticos un poco por toda esta zona. Es de señalar que gran parte de estas piezas arqueológicas se encuentran en el Museo Massó, en Bueu, y otras piezas, como ya hemos expuesto, en el Museo Provincial de Pontevedra.

Siguiendo el curso de nuestra exposición, ocupémonos del término municipal de Marín. Y así, descubrimos en la playa de Aguete una bifacial tallada en cuarcita, dos hendidores, seis poutadas de cuarcita y un núcleo de silex. Todos estos hallazgos constituyen piezas de fácil estudio, por cuanto supresencia se encuentra en la Biblioteca Municipal de Marín. En Aldán fue hallado un pico de cuarcita asturiense y otros objetos diversos en San Julián, en el lugar de, As Penizas

Del período Neolítico podemos decir otro tanto, si bien los descubrimientos acontecieron en mucha más abundancia. Pero pasemos al período megalítico que resulta, tal vez, mucho más importante porque este período se caracteriza por la construcción de grandes monumentos de piedra, monumentos que se pueden apreciar y valorar en el lugar donde fueron erigidos. Así, pues, vamos a ocuparnos de los dólmenes o “antas”.

Estos monumentos fueron realizados aprovechando grandes piedras naturales trabajadas, cuando fuere preciso, por medio de cuñas de madera dilatadas por el agua que permitía el desgajamiento de grandes trozos de roca.

Dicho esto, hagamos una breve descripción de los diversos tipos de dólmenes y mámoas, señalando, el respecto que en toda Galicia sólo se conocen dos menhires y éstos se encuentran en la provincia de Pontevedra: el de Gargantáns y el de Reibón, los dos en la localidad de Moaña

Los túmulos o mámoas son de planta normalmente circular u ovalada. Sus dimensiones varian de los 30 metros de diámetro a un mínimo de 12 metros, alcanzando su altura, normalmente, un máximo de 4 metros. Estos túmulos están formados de tierra apisonada, a una mezclada con piedras, formando unos y otros no, una corona de descarga. Los sepulcros que se encuentran en el interior de estas mámoas son de dos tipo: (a) dolmen o de cámara simple y (b) sepulcros de corredor. Los dólmenes de cámara simple son de planta circular o rectangular. Algunos tienen puerta y otros carecen de ella. Los sepulcros de corredor son de planta circular, poligonal, trapezoidal o circular. Las dimensiones de estos sepulcros, contando el corredor, no sobrepasan los ocho metros de longitud total. Dentro de estos sepulcros, muchos de los cuales se encuentran totalmente intactos, se halla el altar funerario que consiste, normalmente, en útiles de trabajo líticos, como caballos y lascas, cerámicas de mala cocción y placas de pizarra, con perforación central.

La construcción de las tumbas consiste en la simple colocación de piedras verticales que forman las paredes, y otras horizontales colocadas sobre las anteriores que forman el techo. Las piedras en todos los casos, son siempre de considerable tamaño.

En el municipio de Vilaboa nos es posible visitar estos sepulcros, en Santa Cristina de Cobres, lugar del Outeiro de Ombra. Allí existe una mámoa y en Chan de Agrelo se ha descubierto una pequeña construcción megalítica rectangular sin túmulo.

En San Andrés de Figueirido se identificaron ocho mámoas, una de las cuales fue excavada por el Conservador de Arqueología del Museo Provincial de Pontevedra y en la que fue descubierto un voluminoso ajuar. El lugar de estos hallazgos le dicen Chan da Crus.

Existen dos mámoas en Cavada do .......que fueron saqueadas, pese a lo cual puede apreciarse los restos de la cámara funeraria. Se encuentran estas dos mámoas en San Martiño de Vilaboa en el lugar arriba citado. Es tradición de que existen dos mámoas en Coto Redondo, y otras dos entre los montes Arós y Castiñeiras.

En el lugar de Peta o Chan se encuentran diez mámoas, una de ellas de enormes dimensiones. Fue excavada y se aprecio que era de corredor. En esta mámoa tuvo efecto un descubrimiento curiosísimo: un grabado sobre una de las piedras que figura una cruz con un hoyo o hendidura en el extremo del brazo superior. Se aprecian también letras en zig-zag grabadas. Hay que considerar que todos estos monumentos fueron realizados sobre el año 2.000 antes de Jesucristo. De estas diez mámoas cuatro de ellas fueron salvajemente violadas.

En el monte Magdalena perteneciente al municipio de Santiago de Cangas fue descubierta una mámoa, y se sospecha de la existencia de otra en el monte de Cubela, perteneciente al término de Aldán.

En las Islas Cíes, un mundo en medio del Atlántico, suave y abrupto al mismo tiempo, y que configura el inexpugnable bastión que guarda la intimidad, el recato y el encanto de la Ría de Vigo, murallas que emergen de las entrañas de Océano con el único oficio y propósito de custodiar la dulce quietud y serena belleza de la bahía viguesa, oponiendo a la furia desatada del mar, su granítica, indomable masa roqueña, existen varias edificaciones mortuorias.

Curiosamente a tan solo unos 60 metros, distancia del actual cementerio de San Martiño, en Bueu, existen dos mámoas en aceptable estado de conservación. Siguiendo esta línea, en el lugar del Monte de Costa Grande, en Santa María de Cela, existe una mámoa con el techo destruido. En esta misma localidad, en el monte de San Lorenzo, se acusa la presencia de varias estancias mortuorias. Asimismo, en Santiago de Ermelo, a unos 150 metros de la cruz que remata el monte, se puede apreciar el vestigio de una mámoa totalmente destruida.

En cuanto al municipio de Moaña, pueblo que mira al mar con la mansa filosofía de un pájaro silente y humillado –todos los días y los siglos repitiéndose en el terco faenar de la pesca-, por más que una y otra vez, mil veces, cumple inagotable su oficio haciéndose una sola carne, un solo gozo y un solo dolor con el mar, existen, como veremos, un gran número de mámoas, cuya enumeración exponemos: en el lugar del Monte Xaxán se contabilizan varios túmulos prehistóricos. En Chan da Arquiña fueron descubiertas seis mámoas, una de las cuales, que resultó ser de corredor, fue excavada. Si bien por esta zona es fama que existen mámoas por descubrir, es lo cierto que en San Julián de Marín y en el lugar de Santo Tomé de Piñeiro se encuentran sendas mámoas, resultando la de Santo Tomé excavada, circunstancia que ha proporcionando el descubrimiento de insculturas. En el Monte de Pedralonga, en el lugar de As Lechugueiras, existen dos mámoas. En Pedra da Mina encontramos una mámoa que conserva los tres soportes de la cámara. El túmulo mide veinte metros de diámetro, y la cámara en su parte superior, cuenta con una extensión de 1,840 metros.

En el lugar de Chan da Armada, en Monte Pedrouzos, en el límite con el municipio de Vilaboa, se recrea la vista y se enriquece la historia con la presencia de nueve mámoas, una de las cuales ha sido excavada, hallándose en la misma un ajuar muy abundante, en contraposición a la mayoría de las sepulturas que han sido saqueadas.

En Santa María de Ardán, en el lugar de Fornos de Arcas, se observan restos de un dolmen, y en el Monte Campolongo, muy próxima al Centro Emisor de Radio Nacional de España, existe una cámara mortuoria de corredor violada y con la parte superior del dolmen a la vista.

Con el rápido repaso al megalítico, en la península del Morrazo, se imponen necesariamente varias reflexiones: por una parte, el asombroso número de monumentos que enriquecen esta pequeña península y, por otra parte, el grave desperfecto que hace el paisanaje no profesional tratando de buscar tesoros, destrozando bárbaramente el impresionante valor histórico-monumental de estas cámaras mortuorias que cuentan con más de 4.000 años de existencia. La mayor parte de estos ilusos “perdigueros” de tesoros no caen en la cuenta que los metales no se trabajaron hasta el año 1.800 antes de Jesucristo, es decir, con muchísima posteridad a la época de las mámoas. Por lo tanto, resulta metafísicamente imposible que pueda o pudiera encontrarse metales preciosos en esas tumbas.

Continuando el sendero de prehistoria, un salto de corzo por el Eneolítico y por la Edad de Bronce cuyos restos se impone admirarlos en los museos, señalando la presencia de gran variedad de ellos: vasos campaniformes, hachas de bronce de talón o tope, puñales, etc, Este período comprende desde el año 2.000 hasta el año 600 antes de Jesucristo, y es en esta época cuando se desarrolla también el arte de los grabados rupestres. La enumeración de estos grabados que, por otra parte, se encuentran en todos los municipios de la zona que descubrimos cuya representación figurativa se concreta por definiciones geométricas, naturalistas, cazoletas, círculos, espirales, laberintos y zoomorfos sería demasiado extensa. En la península del Morrazo se cuentan por decenas el número de estos petroglifos.

Metidos en el Edad de Hierro, año 600 antes de Jesucristo, hasta la romanización, se da la cultura de los castros, cuya presencia es múltiple en el Morrazo, hasta el punto de que existen poblados enteros en los mismos lugares originarios.

Los castro se caracterizan por sus fortificaciones consisten en un sistema, en cadena, de murallas de piedra, arcillas o una combinación de ambos elementos. También se empleaba un sistema de fosos situados en los lugares más accesibles, ya que los castros se ubicaban siempre sobre colinas o montañas

Normalmente los castros de dimensiones regulares cuentan con varias murallas: las exteriores de piedra y las interiores de terraplenes de tierra coronados por muros de piedra. Dentro de las murallas, las habitaciones son generalmente de forma circular. Existen también casas de figura cuadrada y rectangular, si bien los prehistoriadores suponen que se trata de edificaciones posteriores, es decir, influenciadas por la cultura romana. Las casas están construidas de piedra de mampostería, siendo su aparejo variado, helicoidal, circular, concertado, etc. Las casas tienen, normalmente, una o dos entradas. Las hay, sin embargo, ciegas y muchas de ellas tienen adosado un vestíbulo de paredes curvas, o rectas. Las dimensiones más frecuentes de estas viviendas son de 4 a 6 metros de diámetro. No existen datos que demuestren la existencia en ninguna de ellas, de ventanas. Los muros tienen un grosor que oscila entre los 40 y 60 centímetros. Esta harto demostrado que lo castros fueron cuando menos habitados desde el año 500 antes de Cristo. Y con toda seguridad muchas de estas viviendas fueron habitadas hasta la Edad Media.

Vamos a enumerar los castros que podemos admirar en la península del Morrazo, advirtiendo que muy pocos de ellos han sido excavados, por lo que resulta muy difícil para ojos inexpertos distinguir restos de habitaciones que se encuentran, por supuesto, bajo tierra. Pero es factible apreciar las murallas, fosos y el asentamiento del hábitat.

En Marín tenemos los castros de “Castelo” en Ardán; el Castro de “Monte das Pidreiras”, en Campo; el Castro de “Monte Castelo”, en San Julián; Castro de “Outeiro”, en San Julián; Castro de “A Sabida”, en Mogor; Castro de “As Penuras”, en San Julián; Castro de “Curras”, en Campo; Castro de Seijo, el Castro de Loira, el Castro de Castelo de Gago, en Seijo, y el Castro de Piñeiro.

Bueu, por su parte, cuenta también con numerosos vestigios en este orden. En San Martín podemos desfrutar del Castro de la “Civida”; en la isla de Ons existen dos castros: el “Castelo dos Mouros”, situado al S.E. de la isla que cuenta con un profundo foso, y el Castro de la “Coba do Lobo”, ambos con casas. En Santa María de Cela se encuentra el Castro de “Castrelo” y en Hermelo tenemos el castro de la “Cueva de Paralaya”.

En Cangas, por otra parte, se halla el “Castro de Aldán”, en Coiro existe otro y en el monte Curuto asienta su presencia un enorme castro que le dicen Libureiro. Este castro cuenta con varios ......todos ellos provistos de terraplenes amurallados y restos de viviendas. La cumbre del Castro Libureiro fue excavada en el año 1928. en la localidad de Darbo se acusa la presencia del “Castro de Castelo”; en la playa de Liméns existe una cueva que fue habitada en esta época. La cueva tiene una longitud de 80 metros. Consiste en una ......en las rocas que se ensancha progresivamente hasta configurar la cueva. Contamos en este municipio de Cangas con otros muchos castros como el de Montefacho, en San Andrés de .........y otros en el Monte do Castro y varios más.

Entre los numerosos castros que enriquecen el municipio de Moaña, el mas conocido es el de Domayo, que fue excavado entre los años 1925 a 1930. se acusa la presencia de casas circulares y otras de todo tipo, objetos de hueso y .......cuentas vítreas de collares, armas, restos de escorias de hierro, molinos de mano, cerámica castreña y ro.....,fibulas y otros objetos.

El castro más popular y conocido de la localidad de Vilaboa es el de “Monte da Croa”, que cuenta con murallas y en el que han aparecido numerosos utensilios de uso casero. Se encuentra en el lugar de Acuña.

Por lo expuesto, parece fácil deducir que la enumeración de castros, en este zona, por su número, resultaría prosaica y harto reiterativa. Basta decir que la visita a estos castros resulta fácil y accesible. Lo mismo estos habitáculos, como las mámoas están rodeados de leyendas populares que han convertido a algunos castros y a ciertas mámoas, en protagonistas del misterio.

Así, por ejemplo, la cueva de Paralaya, en Hermelo-Bueu-, dice la tradición que fue habitada por los moros. Este es un caso muy frecuente en los castros. Volviendo a la cueva de Paralaya aseguran los lugareños que cuando se entra se ve a una monja vestida de blanco con una rueca en la mano. Es la encargada de vigilar la cueva, por lo visto.

Sobre el Castro de Aldàn se dice que existen tesoros escondidos, y que en monte hay un castillo (el castro), que fue construido por los moros. Aseguran la existencia de un enorme túnel –el “Santo do Mar”-, que comunica la parte superior del castro con el mar. Este túnel, según la creencia popular, está lleno de tesoros.

Del castro de Montealegre, en Domayo, se cuenta que dos viejas sacaban al sol oro sobre unas mantas. Dos mujeres pasaban en esos momentos por el castro; una de ellas vio una mano negra y la otra no vio nada; la que había visto la mano negra murió al poco tiempo. De este castro se cuenta también que allí existe la llamada “cova da lontrega” (serpiente), que se estira desde el mar hasta la cima del castro.

Resulta curiosa la leyenda que circula sobre el castro de Libureiro o Monte Curuto, en San Salvador de Coiro. Hay un dicho que reza así: “Liboreiro, Liboreiro, Liboreiro, todo cuento oro encierras, todo es mío”. Cuenta la leyenda que en este castro existe un gran tesoro, pero para acceder a él es preciso atravesar antes una cueva de veneno. Coiro es un lugar de muchas leyendas de este tipo. Dicen por ejemplo, que los moros que hicieron el castro construyeron también la iglesia de Valado, y existe mucha gente que los tiene visto ir a la iglesia a “tomar posesión”. En el castro figuran unos agujeros en los que según la leyenda viven unos enanos que se comen a la gente y que hacen mucho mal.

Todas esta leyendas sobre castros han sido recogidas por el profesor, director de Museo Provincial de Pontevedra y Conselleiro de Cultura del Gobierno de la Xunta de Galicia, Dr. D. José F. Filgueira Valverde, y el profesor, recientemente fallecido, D. Alfredo García Alén, y publicadas en 1953 por el Museo de Pontevedra

El museo de Pontevedra, en la actualidad, está elaborando un catálogo completo de los castros que existen en la provincia de Pontevedra, y de los yacimientos arqueológicos.

Otro salto, esta vez de gacela, en el tiempo y nos trasladamos a la época de la romanización de Galicia, en los siglos I antes de Cristo, al V después de Cristo.

La mayoría de los castros fueron romanizados, lo que justifica que en casi todos ellos se encuentren todo tipo de objetos romanos. En este sentido, el hallazgo quizás más importante se llevó a cabo en la playa de Portocelo, en Marín.

Con ocasión de realizarse unas obras de adecentamiento en la playa, se descubrieron bases de columnas, restos de un muelle romano, y otras construcciones portuarias, cerámicas y monedas correspondientes a los emperadores Claudio I, Teodosio I, Adriano y Gordiano Pío

. Los hallazgos del tantas veces mencionado castro de Liboreiro, en Coiro, son muy importantes. Se hallaron tres aras –una dedicada a Aerno, otra ilegible y la tercera sin epígrafe-. Apareció también cerámica romana, monedas, fibulas, molinos de mano y varias cosas más. Todos estos objetos se encuentran depositados en el museo de Pontevedra. Toda la península del Morrazo es un compendio de restos romanos. Existen vías romanas, algunas con el pavimento original; una necrópolis romana en la isla de Tambo; numerosos concheiros; cerámica de diversos tipos, ánforas, cimientos de casas romanas, tégulas, etc.

Por otra parte, la península de Morrazo puede presumir de ofrecernos también vestigios de la época paleocristiana y sueva. En San Sebastián de Aldán podemos contemplar unos sepulcros abiertos en la roca, con el consiguiente hueco para encajar la tapa; muy cerca, en San Andrés de Hío, existe una necrópolis de la época germánica. Existen otros vestigios en Vilaboa y Bueu.

Es interesante señalar que en la localidad de Vilaboa se hallaron cuatro miliarios romanos muy importantes. Existe, en esta zona, una vía romana que unía a Puente Valga con Figueirido. De los cuatro miliarios, el primero está dedicado a Licinio, el segundo a Adriano, el tercero a Carino y el cuarto dedicado a Flavio Severo. Los cuatro se pueden contemplar en el Museo de Pontevedra.

Aquí podemos dar por terminado nuestro hipotético viaje arqueológico y prehistórico por la península del Morrazo, para dar comienzo otro viaje por la misma ruta, si bien con propósito distinto. Se intenta, ahora, de ofrecer a nuestros lectores la imagen monumental de esta zona que dejamos atrás con una intención definida: la de contemplar las playas, los montes y bosques del Morrazo con otros ojos: con los ojos de la inquietud y la curiosidad porque esos montes, esas playas y esos bosques guardan un tesoro incomparable, como es la historia y el arte de una arqueología que cuenta más de 4.000 años, y que grita la presencia del hombre en nuestra querida tierra.

La labor de conservación de ese tesoro sólo puede ser posible como tarea común, por lo que considero que el primer e imprescindible paso es dar a conocer a nuestra comunidad el inigualable legado que nos fue transmitido por voluntad de Dios y de los hombres. Respetémoslo.

Empezamos nuestro recorrido en la descripción de nuestra riqueza artístico-monumental, tomando el camino por la carretera que, partiendo de Tomeza, discurre paralela al la CN.550. De inmediato alcanzamos la parroquia de Bértola que nos sorprende con dos monumentos magníficos e importantes y que, además, componen un bello conjunto

CONCELLOS DE VILABOA, MOAÑA, CANGAS, BUEU Y MARÍN

 

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