Iniciamos
el descenso que será prolongado. Pronto podremos empezar a disfrutar
de la gran belleza de este valle, atravesando maizales, viñas y campos
de labranza que se alternan con pequeñas masas boscosas. A un kilómetro
y medio, y coincidiendo con un tramo de asfalto, pasaremos por las proximidades
de la iglesia de Santo Tomé de Piñeiro.
Vale la pena hacer un pequeño desvío para contemplar este hermoso
templo románico del siglo XII, que fue la casa matriz de la Orden de
los Caballeros de San Juan de Malta en todo el Morrazo. Aunque está parcialmente
reconstruida, es la única de toda la comarca en la que podemos admirar
aún el característico ábside semicircular. Esta aldea de
Piñeiro nos regalará también hermosos paisajes en los que
predomina el "bocage atlántico", con la bellísima ría
como marco de fondo.
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