Dejando atrás Piñeiro, entraremos en la parroquia de Campo donde nos espera una grata sorpresa, pues enseguida empezaremos a bordear el río Loira, que conforma un preciso paraje donde aún pervive un importante bosque de ribera. Pero además nos llamarán la atención los viejos molinos hidráulicos que flanquean el cauce, joyas venerables de la arquitectura popular gallega donde antiguamente se molía el grano, y donde todavía se hace en algún caso. Solamente a lo largo de este riachuelo, que desemboca en la playa del mismo nombre, existen más de quince molinos. Más abajo, podremos hacer otro pequeño desvío para visitar la iglesia románica de Santa María de Campo, del siglo XIII, que perteneció también a la Encomienda de los Caballeros de San Juan de Malta.

Finalmente llegaremos a la zona periurbana de Marín, donde podremos visitar uno de los molinos restaurados, y comprobar así su funcionamiento en el mismo interior. Desde este lugar realizaremos un último e importante esfuerzo para rematar el Sendero, con la subida al Lago de Castiñeiras. Pero dicho esfuerzo se verá sobradamente recompensado, pues la ruta atraviesa en sus kilómetros finales zonas muy bellas, como las cascadas que se forman por el regato Castiñeiras. Será, en fin, un reencuentro con la naturaleza hasta llegar al kilómetro 0 que para nosotros será el 88.

Podremos recordar el Sendero Ecológico del Morrazo por la mayor o menor dureza de los distintos tramos, pero sobre todo por lo diverso y por lo espectacular de los lugares que atraviesa. Es la grandeza de esta península, y a la vez de sus habitantes, por haberlos preservado tal y como los hemos visto.

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GR-59
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